SOPAS Y CREMAS


Según decía el gran gastrónomo francés Anselme Brillat-Savarin, el inmortal autor de la Fisiología del gusto, la sopa es a la comida lo que la obertura a la ópera, y no se equivocaba, pues una buena sopa predispone los ánimos a seguir disfrutando lo que nos servirán.

Además, en momentos de frío, o incluso en días templados, nos deja un mensaje de calor, fragancia y sabor.

Desde luego, si servimos una sopa omitiremos las pastas y viceversa. Además, si la sopa es sustanciosa permite una continuación digamos livianita.

En cambio, una sopa liviana llana, requiere, exige lo que podríamos considerar un plato fuerte (lo cual no significa una comida pesada ni indigesta).

También se prestará atención al color y a la presentación de la sopa, en la cual podrían sobrenadar elementos visuales y de sabor que le confieren un matiz agradable: perejil muy picado, cuadritos de pan frito y tantos otros creados por la imaginación inagotable de los grandes chefs y las amas de casa.