El pozole ha llegado a ser un platillo típicamente nacional, parte central del menú en muchas celebraciones y festejos.
Es un alimento completo, ya que combina armónicamente caldo, carne, maíz y otros vegetales. Es por ello que constituye una comida en sí, por lo que es necesario ofrecer otros platillos juntos con él.
Diversas regiones de México han impuesto su sello característico al pozole y así se ha hecho de distintos colores y sabores: el blanco tradicional, el rojo de Jalisco, el verde de Guerrero y el de la costa del Pacífico, que sustituye a la carne de cerdo por pescado.